Madre Martir

La pregunta que más se me ha hecho desde que anuncié que voy a ser madre es “¿Tienes miedo?”. Es difícil responderla, pues no, no tengo miedo…o al menos no un miedo que sea fácil de explicar. No le tengo miedo a la responsabilidad, pues ya me he demostrado que la tengo, y mi pareja la comparte. No le tengo miedo a la labor de parto, comprendo que es un proceso anatómico natural, no una enfermedad que se debe corregir o tratar.
A lo que le tengo un terror descontrolado es a convertirme en una “Mommy Martyr”.
“Mommy Martyrdom” es un término comúnmente utilizado en las redes sociales para describir a todas ésas mujeres que hacen un show de su maternidad, bombardeando a todos con interminables anécdotas y fotografías de sus hijos, pero dejándote bien claro lo mucho que sufren y se sacrifican por lograr dichas historias y escenas. Si se encuentran con otras madres, lucharán como romanos por demostrar quien sufre más, quién “la tiene peor”. Antes de la llegada de Facebook, algunas de mis amigas se decidieron por ser madres jóvenes y se enfrascaban en terribles encuentros de martirio maternal. Esto nos dejaba a las no-mamás como espectadores de éstas escenitas reminiscentes de las peleas en el patio de la primaria: –“¿¡Ah, siiii!? ¡¡Pues Raulito llora cada hora, a la hora TODAS las noches!!” -“Ah, que mal… pero como Danielita fue prematura, yo le tomo la temperatura cada 45 minutos, la amamanto exactamente cada 56 minutos, y le limpio la nariz cada 34.”
Tal vez no soy una persona muy tolerante o comprensiva, pero jamás le vi el punto a éstas discusiones. ¿Quieren probar que son mujeres duras, fuertes, inquebrantables? Únanse a la armada, o algo.

Erróneamente creía que entrarle al Mommy Martyrdom venía con la llegada del bebé, pero no: ya me ví arrastrada a mis primeras discusiones sobre parto, atención médica, y decisiones personales. Ésta es la etapa 1:
-“¿Va a estar ahí tu pareja?…ah, que bien, pero fíjate que yo pude hacerlo todo sola, en un terrible parto complicado de más de 29 horas… si de verdad eres fuerte no necesitas a un hombre…. blah blah”.
-“¿¡Cómo que no quieren saber el sexo!? ¿¡Tan desinteresados están por su bebé?! Nosotros ya teníamos la recámara, los juguetes y el guardarropa desde los 5 meses… todo carísimo y de marca… blah blah”.

Mujer con la que he tenido tiempo de corresponder o chatear, mujer que me ha cuestionado sobre el cuidado maternal en Kiwilandia, y que me ha atacado por no adherirme a los ideales de la “madre mexicana”.

– “En cuclillas o de pie lo hacen nomás las indias”.
-“¡Que exageraciones! Si una es chilanga no pide nada, ¡se acuesta y se aguanta!”
-“Son cosas de hippies. Ninguna mujer quiere sentir nada, doparse debería ser obligatorio.”
-“Ésas ideas modernas van en contra de diós y de la naturaleza, una mujer debe seguir las órdenes del médico, no sus propios impulsos descarriados.”.

Después de mucho contemplarlo, como respuesta abierta a todas la críticas, les informo:
Considerando que México tiene una de las tazas de muerte materno-infantil más altas de Latinoamérica (superior a países como Brasil y Venezuela), que en un nivel global las prácticas gineceo-obstétricas en México se consideran atrasadas, y que la UNESCO enlista a Kiwilandia como el sexto mejor país del mundo para ser madre, seguiré las instrucciones y usos locales. Si eso me hace una debilucha, preocupona, o una hippie come-flores, pues que así sea. No tengo intención de competir con nadie. Fin del comunicado.

El siguiente paso para ser toda una Mommy Martyr es negarse totalmente como persona. Dejar de existir. Quien lo haga mejor ganará el trofeo de mejor madre… supongo.

Etapa 2. En éste punto perdí varias amistades a lo largo de los años. Traté de comprender a mis amigas que hablaban incesantemente de sus bebés, pero era imposibles hablar de cualquier otra cosa, aunque las concerniera a ellas. Hasta las preguntas más simples se convertían en una negación personal: -“Yo ya no leo nada, ni escucho música, ahora todo es lo que quiera mi Regina”. -“No, no sé que pasó en Japón, por mi Sebastián sólo veo Discovery Kids”. -“La verdad ya no pienso en mi relación con Max, ahora lo único que importa es Dani”. -“Dejamos de ir al cine desde que me embaracé, no le fuera a molestar el ruido”.

Muchos de los mensajes que recibí como felicitación por mi embarazo fueron verdaderas amenazas: “Prepárate para no volver a usar ropa linda o joyería, amiga”. “Bienvenida al mundo de comer chatarra y dormir mal”.
“Nunca más volverás cuidarte, ahora tu vida será para tu baby”. Esto en un tono de absoluto orgullo.

Mientras yo no creo que uno tenga que abandonar a sus hijos con extraños y seguir con su vida, ¿que tan buena madre puede ser una mujer que se abandona a sí misma al lado del camino por su bebé? No creo que una persona descuidada, inconforme y estresada pueda ser una muy buena guía para nadie. Hacerte tiempo para correr, bañarte o salir a tomar un café no nos hace arpías egoístas, nos hace humanas.

Creo firmemente que esto se traduce en el último nivel del Mommy Martyrdom: el amar y vivir con tu hijo, si no es como una portada de revista, es un martirio.

Etapa 3. Si sus niños lloran, responden, no quieren ser siempre perfectos, esto de inmediato las convierte en las peores madres del mundo. La descripción debajo de una foto que leí recientemente: “Aquí está mi gordo haciendo su primer pastel, aunque le salió chueco, lo amo”.

¿Perdón? ¿”Aunque le salió chueco lo amo”? ¿Alguien de verdad espera que un niño de 3 años haga un pastel perfecto, y lo dejaría de querer si no? Conozco al menos a 4 mujeres que se repiten a sí mismas la frase “soy una mala madre” tan seguido, que creo que en realidad las reconforta. Se disculpan porque un bebé no come con modales, o porque su niña se quedó dormida en el asiento del auto. Se flagelan sin parar si hicieron un gasto en ellas mismas, sea una falda, un corte de cabello o un cepillo de dientes. Tratan de justificar el hecho de que hay una foto en la que sus angelitos tienen pintura en las manos y cara, como si esto fuero algo fatal. Comparan hasta el más mínimo detalle del desarrollo y se culpan como criminales si no “alcanzan” al hijo de alguien más. “-El niño de mi prima ya se sabe todos los colores. Soy un fracaso”. -“La niña de Laura ya camina y es 7 días más chica”. -“Le fallé a mi nene, no me dio tiempo de hacerle un postre, pero la vecina hoy sí hizo un flan para sus chiquitos.” Pierden el sueño porque le dijeron “no” al chavito, porque le pidieron que levantara sus juguetes, o lo mandaron a dormir.

No parecen comprender que la mejor madre que puede tener cualquier niño, es la que ya está ahí para él.

Si termino así, entonces se habrá hecho realidad mi peor miedo.

Perfect

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Matrimonio Homosexual (Preguntas Pendejas 2)

Aquí tienen la segunda parte de Preguntas Pendejas. Hace unos días escribí unas notas de opinión en sitios de noticias sobre la legalización del matrimonio de personas del mismo sexo en Nueva Zelanda. En lo personal fue una experiencia conmovedora y agradable. Seguí muy de cerca los debates legislativos, y me di cuenta de que el mundo estaba presenciando una lección de civilidad y raciocinio enorme. Les doy un poco de información:

El voto para esta ley fue “de conciencia”. Esto significa que cada miembro del parlamento debería de votar basado solamente en lo que le dictara su conciencia y moral, y no las ideas y lineamientos de su partido.

De inmediato resaltaron los miembros que, aún siendo religiosos, si hacían un examen de conciencia racional, terminaban por apoyar la ley.

En la segunda lectura resaltó la opinión de Chris Auchinvole.

Citaré sólo una parte (pero pueden escuchar o leer todo el discurso acá).

“Al ver y asegurarnos que esta ley solo trate de problemas seculares, lo voy a decir de nuevo: trate solamente de problemas seculares, abre el dilema a los grupos religiosos establecidos que busquen diferenciar a sus iglesias o al matrimonio sagrado de la nueva definición [de matrimonio] si la iniciativa de ley pasa. No es asunto del Estado tener una visión sobre esto. Es para que las iglesias lo resuelvan a su propia manera y tiempo.”

“Analicé los valores catequistas cuando aprendí catecismo en Glasgow: “¿Quién te hizo?” “Dios me hizo”. “¿Por qué te hizo Dios?” “Dios me hizo para conocerlo y amarlo”. La tercera pregunta: “¿A qué imagen te hizo Dios?” La respuesta: “Dios me hizo a su imagen y semejanza”.

Cada niño de 7 años contestó lo mismo creyendo que era cierto. No tuvieron que agregar: “… siempre y cuando me conforme a ser heterosexual y a no amar a nadie de mismo género”. Mi conciencia está muy clara en este asunto”.

Después vino la tercera lectura, y habló el hombre más conservador de Nueva Zelanda. Uno de los representantes más prominentes de la derecha, John Banks.

“La libertad le da a cada individuo el derecho a decir sobre su propia felicidad en todos los aspectos de su vida. […] Mis amigos gay saben que mi voto no es necesario para que esta ley se apruebe; pero me dicen que mi apoyo les es importante. Recibí un mensaje de texto de un amigo que escuchó que esta propuesta contaba con mi apoyo. Decía: -‘¡Gracias Banksy! Esta ley no tendrá impacto alguno en tu matrimonio, pero será todo para mí en mi relación de pareja’. Creo que esto resume el debate muy bien. […] Al considerar esta propuesta, tuve que preguntarme a mi mismo: ‘¿Tendrán los neocelandeses más libertad como resultado de esta ley? Si.’ -‘¿Será preservada la libertad religiosa? Si.’ -‘¿Serán retiradas las libertades de alguien más al pasar esta ley? No.’ -‘¿El dios en el que yo creo pensará menos de mi si apoyo esta ley? No.’ Por eso ofrezco mi apoyo a la propuesta”.

Me quedé anonadada. Me parecía imposible que alguien en una posición de poder pudiera dejar de lado su orgullo, sus ideas personales y su religión, y legislar de manera racional.

En la tercera lectura habló Maurice Williamson, y este discurso le ganó fama mundial:

Ahora, yo sé que este no es el primer país en pasar este tipo de legalización, y que llega algo tarde si se le compara con Holanda o Canadá. Pero estoy convencida de que este país ha sido el más abierto a la discusión. Aquí no hubo gritos, ni empujones en el parlamento, ni amenazas ni violentas marchas en las calles. Aquí al pasarse la ley el público y el parlamento por igual (aún los que no aprobaron la ley) se pusieron de pie y juntos cantaron una balada tradicional de amor:

Nada ha cambiado, no ha llegado la “Armada Gay” a obligarnos a todos a ser homosexuales. La economía no se colapsó, y el país no entró en guerra civil.

Pero, sin sorpresa, las personas que más radicalmente opuestas  a la medida que me he encontrado por las calles ( y en las redes) …¡Son latinos!

Aquí van mis respuestas a más Preguntas Pendejas:

“¿Qué no sabes que diós dijo /en la Biblia…?”

R: El mundo occidental no cuenta con un solo país que sea una teocracia. Si quieren vivir bajo leyes religiosas, pueden mudarse a Irán, Arabia Saudita, Sudán, Yemen, Nigeria o Afganistán. Entiendo que allá eso les funciona de maravilla.

“¡¿Que sigue?! ¡¿Ahora la gente ya puede casarse con un perro?!

R: ¿Siquiera piensan en lo que dicen? Si creen que un perro tiene estatus legal, derechos y obligaciones al cumplir la mayoría de edad, consentimiento sobre su propia vida, y poder para firmar un contrato… les recomiendo que suelten sus drogas.

“¡Esa gente no puede tener hijos! ¡El matrimonio existe para reproducirse! Un niño necesita de un padre y una madre.

R: Así es. Por eso no se le permite a las parejas mayores o infértiles casarse, y si una mujer resulta ser madre soltera se le mete a la cárcel, ¿verdad? Casarse para no tener hijos también es seriamente penado por la ley.

“¿No crees que el matrimonio debe conservarse como ha sido desde los tiempos de Cristo?

R: ¡NO! En tiempos de Cristo el matrimonio era una forma de esclavitud en el que las mujeres eran una propiedad, y un hombre podía tener cuantas esposas le comprara su dinero.

¿Sabías que si permitimos que esa gente se case van a desatar una guerra para destruirnos?

R: Tu argumento suena un poco gastado… creo que alguien ya lo usó antes… ¡ah, si!  El Ku Klux Klan.

“El matrimonio entre una mujer y un hombre es una tradición muy antigua”.

R: También lo es la venta de niñas pequeñas para casarse, la lapidación como castigo a una mujer desobediente, y la esclavitud. Desde tiempos inmemorables. Y no te veo conservando ninguna de ellas.

“A esa gente la violaron de niños y por eso son así.”

R: Esa es una generalización muy desinformada. Bajo esta lógica, quitémosle sus derechos básicos a todas las personas que alguna vez han sufrido algún un tipo de abuso. No dejemos que una mujer violada pueda casarse. Rechacemos a los niños golpeados o abandonados en las escuelas, no merecen una educación.

“¿No entiendes que le hace mal a los niños ver esas cosas en la calle?

R: Los niños ven muchísimas cosas peores que una pareja gay en la televisión, pero aún así la mayoría de los padres los dejan sentados frente a ella durante horas. Si le preocupa las cosas traumáticas que puedan ver los niños en la calle, como choques, peleas, atropellamientos, robos, borrachos, indigentes, y violencia en general, le recomiendo que no salga a la calle, nunca.

¿¡Que vida tendrá un niño con dos mamás o dos papás!?

R: Definitivamente una mejor que si no tiene a nadie.  (Esto me resulta muy ojete viniendo de gente que creció en Latinoamérica, viendo miles de niños sin hogar dormir bajo puentes, inalhando gasolina, mendigando en las plazas). Píenselo un momento.

“Los hijos de padres homosexuales crecerán y descubrirán que resienten a sus padres”.

R: ¡Claro! Por que eso, nunca jamás le ha pasado a los hijos de parejas heterosexuales…¿verdad?

¡El gobierno no puede decirme que hacer con mi matrimonio!

R:¿Pero si puede decirle a otros que hacer (o no) con los suyos?

marr

Espero más de sus preguntas.

El síndrome del cangrejo mexicano

Esta entrada tiene mucho que ver con mi próxima….

platicaentreamigos

¿Cuál es su primer pensamiento cuando se enteran de que a alguien le está yendo bien? ¿Que de probablemente no tener nada, ahora goza de una buena posición, lujos y dinero? Pocas personas conozco que se alegran de corazón. La mayoría se cuestiona cómo alguien pudo llegar a tener eso que ellos no tienen.

El síndrome del cangrejo mexicano no es un mito, es un espantosa realidad de nuestra sociedad.

Definido de la siguiente manera: El síndrome del cangrejo mexicano es una teoría de la psicología social en la que alguien al no lograr sus objetivos, o subir de puesto, culpa a la sociedad de sus fracasos personales, creyendo que todos conspiran contra el.
El concepto fue desarrollado por Sigmund Freud, quien se inspiró en una ida a la pescadería, donde encontró un señor vendiendo cangrejos vivos en una cubeta. Había 3 cubetas, con cangrejos americanos, cangrejos japoneses y cangrejos…

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Esta entrada la usaré como escape para relatar una experiencia que tuve hace algunos días y me dejó muy confundida. Fue como un alucine de peyote.

Fui invitada a cenar con un grupo de nuevos amigos, y terminamos en un lugar Thai muy famoso; es pequeño, escondido, y silencioso, con sólo 6 mesas, al final de un callejón. Todo normal, me vi sentada entre una chica kiwi que tiene personajes japoneses tatuados por todos los brazos, y una chica australiana que es enfermera pediátrica. La noche iba muy bien, relajada. Nos trajeron los platos y el sonido de plática bajó un poco, el lugar estaba muy callado. De pronto la chica australiana junto a mi se puso tensa, se le veía incómoda y comenzó a frotarse las manos. Buscó con la mirada a su novio, que estaba sentado al lado opuesto de la mesa, pero el conversaba con alguien más y no la veía.

– “Creo que es ya es hora de irnos, cariño”.

Esto me resultó muy confuso, pues me parecía que todos la estábamos pasando bien ( y apenas nos habían servido los platos). Pero la reacción de la chica me hizo sospechar, pues se veía bastante alterada. Por un momento creí que se había encontrado algo horrible en su comida.

-“¡Vámonos ya Rich!”

Su pareja parecía no inmutarse, y sin voltear siquiera, sólo dijo: “no vamos a ningún lado”.

La pobre muchacha se veía al borde del llanto. Le pregunté cual era el problema.

-“No me gusta la música”.

Sólo hasta ese momento me di cuenta  de que había empezado a sonar música en el lugar. El volumen era tan bajo que no la había percibido, así que afiné el oído.

-“¡Ah! ¿El jazz no es lo tuyo…?

-“No, no me gusta la música… de ningún tipo.

La chica kiwi al lado mío volteó y se le quedó mirando como si hubiera dicho una blasfemia.

-“Eso…eso es imposible… a todos nos gusta algo de música, es humano”.

Yo sólo pude asentir en acuerdo, pues tenía la boca llena de curry. Mi cerebro no estaba procesando muy bien el hecho de que hubiera junto a mi alguien que no soporta la música.  La chica kiwi no tuvo problema en acribillarla a preguntas:

-“¿Es el volumen, o sólo un instrumento?… casi ni se escucha… ¿cómo haces para ir a lugares con ruido?

-“No, el ruido no me molesta. Vivo cerca del aeropuerto y voy seguido a los partidos de Rich a apoyarlo. Es sólo la música, la odio. Me altera.

La pobre se veía más que alterada, estaba al borde del llanto. Me pareció de pronto que era una persona en un talk show, o un reality, de esas que tienen una fobia ridícula e irracional a algo tan inocuo como la nieve, los cachorritos, o el algodón. De esas mujeres que tienen un ataque de pánico cuando les piden que toquen una pluma, o miren la foto de un pollito. Puse más atención y me di cuenta que el jazz de fondo estaba en verdad delicioso, muy apropiado para el lugar y momento. Seguía sin comprender nada.

La chica kiwi le dio un largo trago a su cocktail y medio en risas le dijo:

-¿Eso te pasó desde que escuchaste a Justin Bieber? (yo también me reí un poco).

-No, así he sido siempre.

Me pregunté mentalmente si tendría amusia, el desorden mental que no permite comprender (y por lo tanto disfrutar) la música. Aunque eso no es una fobia. Se describe como la percepción de la música como un concepto auditivo extraño e indescifrable. Como escuchar de fondo una conversación en un idioma desconocido: no lo comprendemos ni disfrutamos, pero no nos molesta. Si no hablas farsí, es imposible que digas que te agrada escuchar poesía en farsí, pero no te sueltas a llorar cada que ves un iraní.

De la nada intervino su novio, que supongo había escuchado.

-“Eso no es cierto. No mientas.  Tu padre me envió un video en el que cantabas y bailabas a las Spice Girls. Me dijo que te encantaban los musicales. ”

A esto ella se levantó ya de plano llorando, le pidió las llaves del auto, y salió corriendo.

Su amigo le dijo que fuera tras ella, pero el se rehusó.

-“Ya no puedo con esto, hombre. Es una tontería. Un drama. Que me espere en el auto. Me arruina todo.”

-“No seas tan duro, bro….”, le dijo su amigo.

-“No soy duro, soy honesto. Ni te imaginas la pesadilla que es salir con esta mujer. No puede ver completa una película… en meses no hemos acabado una cena. Llora hasta por que el auto de junto traiga la música alta.  Es tan exagerada. Actúa como si fuera morirse porque tarareo una canción, o cantan en un comercial. No recuerdo la última vez que fui a una fiesta. ¡Amenazó con deshacerse de mi colección de viniles!”

Ante esto la chica kiwi se vio alarmada.

-“¿Cómo puedes vivir así?”

-“Creo que no puedo”.

Yo tenía mis dudas también.

-“¿Crees que sea real? Quiero decir… ¿han buscado ayuda?

Su respuesta me dejó muy consternada.

-“Siento que es una exageración la mayor parte del tiempo. Ella no lo ve como un problema. No ve porqué querría disfrutar con ella de una buena película, o compartirle una canción o llevarla a un concierto. Me llama idiota por querer escuchar música en el auto. No siente que se pierde de nada… y no tiene problema en hacer que me lo pierda yo también.”

Sentí que hablaba de un alien. Después de todo ¿quien no tiene una canción favorita? ¿Una pieza de música que le mueva el alma? No concibo la vida como algo que se pueda mantener sin música. Está ligada a prácticamente todas nuestras emociones y recuerdos.  Pero su amigo (un maori franco y encantador) cerró la conversación con la mejor frase:

-“Entonces patéale el culo de regreso a Oz, bro. Todos necesitamos de una chica que se emocione cuando le cantamos a los Beatles y nos haga segunda en Bohemian Rhapsody mientras vamos por la carretera“.