Tataujes y Tolerancia.

Yo crecí en una de las culturas más hipócritas, cerradas, conservadoras y mochas con respecto a las modificaciones corporales. En México el estigma del tatuaje es inmenso. Desde que tengo memoria, considerar siquiera juntarte e interactuar con alguien que tuviera un tatuaje era un horror para mis padres. La sociedad en general de inmediato te etiquetaba y rechazaba como un vago, un criminal, una persona corriente, ignorante, sucia. Aunque siempre les vi un enorme atractivo, se me condicionó a creer que considerar hacerte un tatuaje era una vergüenza, algo casi comparable a un crimen. Siempre que me hago un tatuaje siento un poco de la angustia que seguro sentían mis padres: “nadie te va a dar trabajo”, “te vas a acabar juntando con puro pandillero”.

Creo que está de sobra decir que Nueva Zelanda tiene una tradición histórica muy profunda con relación al tatuaje. Desde los inicios de su población indígena, portar un tatuaje se convirtió en un símbolo de logros, respeto, y trascendencia. Se le conoce como Ta Moko, y debe ser único e irrepetible.

Su origen proviene de la primera patria maorí, la Polinesia oriental, siendo los instrumentos y métodos empleados similares a los utilizados en otras partes de Polinesia. Antes de la llegada de los europeos (antes de finales del siglo XVIII), muchos, si no la mayoría de las personas de alto rango, eran marcados con el moko. En el caso de que se fueran de la isla sin ellos, eran vistos como personas de baja condición social. Además de indicar el estado y rango, otra de las razones por la que era tatuado un Ta moko, era para parecer una persona más atractiva al sexo opuesto. De este modo, los hombres solían tatuar su cara, nalgas (raperape en maorí) y los muslos (puhoro en maorí). Las mujeres, por lo general, solían marcar sus labios (kauae) y barbillas. El resto de zonas donde solían verse estos dibujos era en las frentes de las mujeres, las nalgas, los muslos, el cuello y la espalda. En cuanto a los hombres, lo habitual sería en la espalda, el vientre y las pantorrillas.

 

Hakopa Te Ata o Tu

Hakopa Te Ata o Tu
Óleo sobre tela
Auckland Art Gallery Toi o Tāmaki
Presente de H E Partridge, 1915

Wi Tako Ngatata

Wi Tako Ngatata
Óleo sobre tela
Auckland Art Gallery Toi o Tāmaki
Presente de H E Partridge, 1915

Actualmente, se ve gente tatuada en todos los niveles laborales, y muchos de los neocelandeses más respetados portan orgullosos un Ta Moko:

All Blacks

Piri Weepu y Ma’ Nonu. All Blacks, campeones mundiales de Rugby.

 

Ahora, como ya muchos saben, me he convertido en una empleada del gobierno de este país. (Les suplico no me pregunten mi puesto y ramo, bajo mi contrato no puedo divulgar muchos detalles en un medio público).

Tras pasar todas la pruebas para acceder a este puesto, me presenté nerviosa en la oficina para mi primer día de entrenamiento.

La mujer que me recibió en la oficina buscó mi nombre en la lista y me sonrió sorprendida.

-“¡Qué suerte tienes! Te va a entrenar William. Es una de las personas con más experiencia aquí. Lleva 18 años con nosotros y tiene el 3er puesto más alto dentro de la dependencia. Ha recibido 2 reconocimientos directamente del Primer Ministro, y sabe más que todos nosotros juntos. Los novatos de la oficina en Manukau le dicen ‘La Bibla’. Vas a aprender mucho.”

Con ésta descripción me puse muy nerviosa. En mi mente me hice la imagen del burócrata de oro. Este tipo seguro iba estar de traje y corbata, sentado detrás de un escritorio, talvez de gafas, seguro con pelo relamido.

Se abrió la puerta y me encontré con lo más opuesto: un hombre de cabello largo, barba, y al menos 4 o 5 perforaciones faciales, pero sobretodo, una actitud inmejorable. De verdad este tipo se las sabe todas. Aprendí tanto en 4 días, que sentí que se me cocinaba el cerebro.

Los viernes son día de “informal” en la oficina. Totalmente libre. William llegó de shorts de vestir y camisa polo, y ¡sorpresa! el hombre es un Ta Moko andante. Diseños maoríes sólidos hasta las muñecas y tobillos. No pude evitar quedarme mirando, y se me salió un “esto es increíble…”. Obviamente, a este hombre nadie lo había prejuzgado. Lo único que vale son sus capacidades y esfuerzos. Se nota de inmediato que son hechos a mano, con hueso de albatros, no la máquina moderna, de modo que forma una cicatriz que le da relieve al diseño.  A la hora del té ya de plano le tuve que preguntar:

-“Estoy fascinada con los diseños de sus Ta Moko. ¿Duele mucho?

-“Si, bastante. Pero mi comunidad es muy conservadora y aún se hacen así. Me los he ganado todos. Soy el primer miembro de mi comunidad que consigue un puesto en el gobierno. Los de los brazos simbolizan la temporada que tuve un grupo musical. Cuentan toda mi vida”.

-“De donde yo vengo, nadie jamás conseguiría un puesto así con tantos tatuajes. Muchos lugares todavía hacen exámenes médicos para verificar que alguien no tenga ni un corazoncito en la nalga antes de contratarle”.

-“Vaya, que triste. Supongo que algunas culturas están totalmente en contra de la modificación del cuerpo…”

-“Sí, así es en México.”

-“El nivel de desempleo debe ser desorbitante, ¿no? ¿Qué hacen con toda la gente que se pinta el cabello? ¿También le prohíben trabajar a la gente que se ha sometido a una cirugía plástica? Esa es una modificación igual de permanente y hasta más extrema”.

Y ahí se acabó la conversación, pues me quedé sin palabras. Simplemente, cuanta razón.