Madre martirizada.

No tengo duda que la entrada anterior ha sido mi más popular. He recibido tan grande respuesta, que por primera vez, mis lectores me han contribuido con historias y opiniones para publicar en el blog, lo que les agradezco muchísimo. Recibí toda clase de comentarios, una gran mayoría de acuerdo con lo expresado en el texto: al parecer todos conocemos a una Mommy Martyr que compite orgullosa por demostrar que sufre, se sacrifica, y ha perdido toda identidad y control de sí misma. Y todos las encontramos cagantes.

Me llegaron historias que rayan en lo ridículas, de madres que le abren un Facebook a su recién nacido, y lo mantienen como si el mismo niño lo hiciera y tuviera vida social, inundando a sus seguidores con información molesta e inútil, como cuantas horas logró dormir, o que tanto vomitó. Ya de plano la inmadurez y el sinsentido más triste.

También saltaron algunas Mommy Martyrs, a defenderse, y a acusarme de que si, en su momento, vuelvo a trabajar, o encuentro el tiempo para ir a la playa, el cine o a correr al parque, seré una nefasta madre. Si logro perder los kilitos extras, volver a vestir bien, o cuidarme un poco el cabello, sólo serán pruebas de mi profundo egoísmo y desamor.

Pero también se unieron muchas mujeres que me cuestionaron la siguiente paradoja: ¿Qué pasa cuando una no quiere ser mártir, pero es lo que la gente que te rodea lo espera y exige de ti? ¿Que pasa con el constante chantaje y la crítica?

Éste es obviamente un punto que olvidé y que es igual de importante. Conozco a montones de gente (si, hombres en su mayoría) que juzgan sin parar lo que debe de ser el “amor de madre”.

En mi experiencia hasta ahora, el chantaje ha sido unisex. Cada que alguien me pregunta cómo encuentro el embarazo, acabo ofendiendo o levantando alguna ceja. Verán ustedes: yo estoy construida con dimensiones de casa INFONAVIT, y por lo tanto, ya no cabemos. No me avergüenzo de admitir que tengo sueños delirantes en los que me doy tremendos pasones de morfina y me arranco un brazo o una pierna para compensar mis achaques. Cada que digo que estoy hasta la madre de esto y que ojala me pudiera sacar a la criatura ahora mismo, son los hombres los primeros en brincar y decir: “¿pero entonces no lo planeaste, no es lo que tú querías?” o “…estás mal, ésta es una etapa que debes agradecer y disfrutar”. Lamento decirles, señores, que hasta que ustedes se embaracen, su opinión me vale tostada.

Desde México, más que nada chantajes, mucha culpa, sobre todo de mujeres. -“¿Te duele la espalda, no puedes dormir? ¿Distensión de cadera que ya te mandó al hospital…harta de las manos hinchadas? -¡Claro! ¡Por bruta! ¡Por floja!”  -“Si no te aguantas es que no quieres a tu bebé”.  -“No estás gorda por vanidosa, estás matando de hambre a la pobre criatura, te va a salir enfermo”.
El nivel de ignorancia es dar pena. De verdad mucha gente espera que una madre deje de pensar, ser, y sentir.

Aquí la historia que me compartieron, como excelente muestra.

Anna Laura:

Mi suegra es de esas mujeres controladoras y dramáticas. Desde que me conoció predijo que yo sería una madre de esas como brujas, y entonces me puso “la desnaturalizada”. Obvio mi ex-esposo se acabó creyendo esto, y cuando me embaracé de gemelos, los dos siempre me estaban dando órdenes más bien como amenazas. Según ellos yo siempre estaba haciendo algo mal y Dios me iba a quitar a mis niños. En mi parto todo me salió tan mal como se pudo, se me vinieron muchas complicaciones y mi suegra me acusaba de que  yo no quería “arreglarme las cosas” para que mis bebés nacieran rápido, según por flojera y porque no me importaba hacerlos sufrir. Nadie me preguntó ni una vez como estaba yo o qué sentía. Al final me hicieron una cesárea horrenda que salió muy mal y yo creí que me iba a morir en la mesa. Creo que esto me dejó un trauma, porque tuve pesadillas por varios meses y tardé mucho en curarme. Pero nadie en mi familia me quería escuchar, todo era sólo mis niños, como si yo me hubiera muerto, o convertido en fantasma. Me decían que ya estaba bien, y que era puro drama para no cuidar a los niños, que no quería hacer sacrificios. La única vez que quise hablar con mi esposo me dijo “ya bájale, ya no importa, lo que si importa es que mi hijos están sanos”. Me sentí como una cucaracha. Me di cuenta de que era como esa gente desconsiderada que si se entera de un accidente sólo pregunta por el coche, no por los de adentro, y pues al año nos separamos. Nunca entendió que yo amo a mis hijos, pero también quiero ser feliz y seguir viviendo mi vida, y que parir no me quitó mi sentimientos o que darle todo mi amor a mis niños no me deja sin alma.

Es una realidad tristísima, y creo que hay que ser de verdad fuerte para no caer y acabar igual.

De nuevo, gracias a todos por leerme y opinar.

Madre Martir

La pregunta que más se me ha hecho desde que anuncié que voy a ser madre es “¿Tienes miedo?”. Es difícil responderla, pues no, no tengo miedo…o al menos no un miedo que sea fácil de explicar. No le tengo miedo a la responsabilidad, pues ya me he demostrado que la tengo, y mi pareja la comparte. No le tengo miedo a la labor de parto, comprendo que es un proceso anatómico natural, no una enfermedad que se debe corregir o tratar.
A lo que le tengo un terror descontrolado es a convertirme en una “Mommy Martyr”.
“Mommy Martyrdom” es un término comúnmente utilizado en las redes sociales para describir a todas ésas mujeres que hacen un show de su maternidad, bombardeando a todos con interminables anécdotas y fotografías de sus hijos, pero dejándote bien claro lo mucho que sufren y se sacrifican por lograr dichas historias y escenas. Si se encuentran con otras madres, lucharán como romanos por demostrar quien sufre más, quién “la tiene peor”. Antes de la llegada de Facebook, algunas de mis amigas se decidieron por ser madres jóvenes y se enfrascaban en terribles encuentros de martirio maternal. Esto nos dejaba a las no-mamás como espectadores de éstas escenitas reminiscentes de las peleas en el patio de la primaria: –“¿¡Ah, siiii!? ¡¡Pues Raulito llora cada hora, a la hora TODAS las noches!!” -“Ah, que mal… pero como Danielita fue prematura, yo le tomo la temperatura cada 45 minutos, la amamanto exactamente cada 56 minutos, y le limpio la nariz cada 34.”
Tal vez no soy una persona muy tolerante o comprensiva, pero jamás le vi el punto a éstas discusiones. ¿Quieren probar que son mujeres duras, fuertes, inquebrantables? Únanse a la armada, o algo.

Erróneamente creía que entrarle al Mommy Martyrdom venía con la llegada del bebé, pero no: ya me ví arrastrada a mis primeras discusiones sobre parto, atención médica, y decisiones personales. Ésta es la etapa 1:
-“¿Va a estar ahí tu pareja?…ah, que bien, pero fíjate que yo pude hacerlo todo sola, en un terrible parto complicado de más de 29 horas… si de verdad eres fuerte no necesitas a un hombre…. blah blah”.
-“¿¡Cómo que no quieren saber el sexo!? ¿¡Tan desinteresados están por su bebé?! Nosotros ya teníamos la recámara, los juguetes y el guardarropa desde los 5 meses… todo carísimo y de marca… blah blah”.

Mujer con la que he tenido tiempo de corresponder o chatear, mujer que me ha cuestionado sobre el cuidado maternal en Kiwilandia, y que me ha atacado por no adherirme a los ideales de la “madre mexicana”.

– “En cuclillas o de pie lo hacen nomás las indias”.
-“¡Que exageraciones! Si una es chilanga no pide nada, ¡se acuesta y se aguanta!”
-“Son cosas de hippies. Ninguna mujer quiere sentir nada, doparse debería ser obligatorio.”
-“Ésas ideas modernas van en contra de diós y de la naturaleza, una mujer debe seguir las órdenes del médico, no sus propios impulsos descarriados.”.

Después de mucho contemplarlo, como respuesta abierta a todas la críticas, les informo:
Considerando que México tiene una de las tazas de muerte materno-infantil más altas de Latinoamérica (superior a países como Brasil y Venezuela), que en un nivel global las prácticas gineceo-obstétricas en México se consideran atrasadas, y que la UNESCO enlista a Kiwilandia como el sexto mejor país del mundo para ser madre, seguiré las instrucciones y usos locales. Si eso me hace una debilucha, preocupona, o una hippie come-flores, pues que así sea. No tengo intención de competir con nadie. Fin del comunicado.

El siguiente paso para ser toda una Mommy Martyr es negarse totalmente como persona. Dejar de existir. Quien lo haga mejor ganará el trofeo de mejor madre… supongo.

Etapa 2. En éste punto perdí varias amistades a lo largo de los años. Traté de comprender a mis amigas que hablaban incesantemente de sus bebés, pero era imposibles hablar de cualquier otra cosa, aunque las concerniera a ellas. Hasta las preguntas más simples se convertían en una negación personal: -“Yo ya no leo nada, ni escucho música, ahora todo es lo que quiera mi Regina”. -“No, no sé que pasó en Japón, por mi Sebastián sólo veo Discovery Kids”. -“La verdad ya no pienso en mi relación con Max, ahora lo único que importa es Dani”. -“Dejamos de ir al cine desde que me embaracé, no le fuera a molestar el ruido”.

Muchos de los mensajes que recibí como felicitación por mi embarazo fueron verdaderas amenazas: “Prepárate para no volver a usar ropa linda o joyería, amiga”. “Bienvenida al mundo de comer chatarra y dormir mal”.
“Nunca más volverás cuidarte, ahora tu vida será para tu baby”. Esto en un tono de absoluto orgullo.

Mientras yo no creo que uno tenga que abandonar a sus hijos con extraños y seguir con su vida, ¿que tan buena madre puede ser una mujer que se abandona a sí misma al lado del camino por su bebé? No creo que una persona descuidada, inconforme y estresada pueda ser una muy buena guía para nadie. Hacerte tiempo para correr, bañarte o salir a tomar un café no nos hace arpías egoístas, nos hace humanas.

Creo firmemente que esto se traduce en el último nivel del Mommy Martyrdom: el amar y vivir con tu hijo, si no es como una portada de revista, es un martirio.

Etapa 3. Si sus niños lloran, responden, no quieren ser siempre perfectos, esto de inmediato las convierte en las peores madres del mundo. La descripción debajo de una foto que leí recientemente: “Aquí está mi gordo haciendo su primer pastel, aunque le salió chueco, lo amo”.

¿Perdón? ¿”Aunque le salió chueco lo amo”? ¿Alguien de verdad espera que un niño de 3 años haga un pastel perfecto, y lo dejaría de querer si no? Conozco al menos a 4 mujeres que se repiten a sí mismas la frase “soy una mala madre” tan seguido, que creo que en realidad las reconforta. Se disculpan porque un bebé no come con modales, o porque su niña se quedó dormida en el asiento del auto. Se flagelan sin parar si hicieron un gasto en ellas mismas, sea una falda, un corte de cabello o un cepillo de dientes. Tratan de justificar el hecho de que hay una foto en la que sus angelitos tienen pintura en las manos y cara, como si esto fuero algo fatal. Comparan hasta el más mínimo detalle del desarrollo y se culpan como criminales si no “alcanzan” al hijo de alguien más. “-El niño de mi prima ya se sabe todos los colores. Soy un fracaso”. -“La niña de Laura ya camina y es 7 días más chica”. -“Le fallé a mi nene, no me dio tiempo de hacerle un postre, pero la vecina hoy sí hizo un flan para sus chiquitos.” Pierden el sueño porque le dijeron “no” al chavito, porque le pidieron que levantara sus juguetes, o lo mandaron a dormir.

No parecen comprender que la mejor madre que puede tener cualquier niño, es la que ya está ahí para él.

Si termino así, entonces se habrá hecho realidad mi peor miedo.

Perfect

Tataujes y Tolerancia.

Yo crecí en una de las culturas más hipócritas, cerradas, conservadoras y mochas con respecto a las modificaciones corporales. En México el estigma del tatuaje es inmenso. Desde que tengo memoria, considerar siquiera juntarte e interactuar con alguien que tuviera un tatuaje era un horror para mis padres. La sociedad en general de inmediato te etiquetaba y rechazaba como un vago, un criminal, una persona corriente, ignorante, sucia. Aunque siempre les vi un enorme atractivo, se me condicionó a creer que considerar hacerte un tatuaje era una vergüenza, algo casi comparable a un crimen. Siempre que me hago un tatuaje siento un poco de la angustia que seguro sentían mis padres: “nadie te va a dar trabajo”, “te vas a acabar juntando con puro pandillero”.

Creo que está de sobra decir que Nueva Zelanda tiene una tradición histórica muy profunda con relación al tatuaje. Desde los inicios de su población indígena, portar un tatuaje se convirtió en un símbolo de logros, respeto, y trascendencia. Se le conoce como Ta Moko, y debe ser único e irrepetible.

Su origen proviene de la primera patria maorí, la Polinesia oriental, siendo los instrumentos y métodos empleados similares a los utilizados en otras partes de Polinesia. Antes de la llegada de los europeos (antes de finales del siglo XVIII), muchos, si no la mayoría de las personas de alto rango, eran marcados con el moko. En el caso de que se fueran de la isla sin ellos, eran vistos como personas de baja condición social. Además de indicar el estado y rango, otra de las razones por la que era tatuado un Ta moko, era para parecer una persona más atractiva al sexo opuesto. De este modo, los hombres solían tatuar su cara, nalgas (raperape en maorí) y los muslos (puhoro en maorí). Las mujeres, por lo general, solían marcar sus labios (kauae) y barbillas. El resto de zonas donde solían verse estos dibujos era en las frentes de las mujeres, las nalgas, los muslos, el cuello y la espalda. En cuanto a los hombres, lo habitual sería en la espalda, el vientre y las pantorrillas.

 

Hakopa Te Ata o Tu

Hakopa Te Ata o Tu
Óleo sobre tela
Auckland Art Gallery Toi o Tāmaki
Presente de H E Partridge, 1915

Wi Tako Ngatata

Wi Tako Ngatata
Óleo sobre tela
Auckland Art Gallery Toi o Tāmaki
Presente de H E Partridge, 1915

Actualmente, se ve gente tatuada en todos los niveles laborales, y muchos de los neocelandeses más respetados portan orgullosos un Ta Moko:

All Blacks

Piri Weepu y Ma’ Nonu. All Blacks, campeones mundiales de Rugby.

 

Ahora, como ya muchos saben, me he convertido en una empleada del gobierno de este país. (Les suplico no me pregunten mi puesto y ramo, bajo mi contrato no puedo divulgar muchos detalles en un medio público).

Tras pasar todas la pruebas para acceder a este puesto, me presenté nerviosa en la oficina para mi primer día de entrenamiento.

La mujer que me recibió en la oficina buscó mi nombre en la lista y me sonrió sorprendida.

-“¡Qué suerte tienes! Te va a entrenar William. Es una de las personas con más experiencia aquí. Lleva 18 años con nosotros y tiene el 3er puesto más alto dentro de la dependencia. Ha recibido 2 reconocimientos directamente del Primer Ministro, y sabe más que todos nosotros juntos. Los novatos de la oficina en Manukau le dicen ‘La Bibla’. Vas a aprender mucho.”

Con ésta descripción me puse muy nerviosa. En mi mente me hice la imagen del burócrata de oro. Este tipo seguro iba estar de traje y corbata, sentado detrás de un escritorio, talvez de gafas, seguro con pelo relamido.

Se abrió la puerta y me encontré con lo más opuesto: un hombre de cabello largo, barba, y al menos 4 o 5 perforaciones faciales, pero sobretodo, una actitud inmejorable. De verdad este tipo se las sabe todas. Aprendí tanto en 4 días, que sentí que se me cocinaba el cerebro.

Los viernes son día de “informal” en la oficina. Totalmente libre. William llegó de shorts de vestir y camisa polo, y ¡sorpresa! el hombre es un Ta Moko andante. Diseños maoríes sólidos hasta las muñecas y tobillos. No pude evitar quedarme mirando, y se me salió un “esto es increíble…”. Obviamente, a este hombre nadie lo había prejuzgado. Lo único que vale son sus capacidades y esfuerzos. Se nota de inmediato que son hechos a mano, con hueso de albatros, no la máquina moderna, de modo que forma una cicatriz que le da relieve al diseño.  A la hora del té ya de plano le tuve que preguntar:

-“Estoy fascinada con los diseños de sus Ta Moko. ¿Duele mucho?

-“Si, bastante. Pero mi comunidad es muy conservadora y aún se hacen así. Me los he ganado todos. Soy el primer miembro de mi comunidad que consigue un puesto en el gobierno. Los de los brazos simbolizan la temporada que tuve un grupo musical. Cuentan toda mi vida”.

-“De donde yo vengo, nadie jamás conseguiría un puesto así con tantos tatuajes. Muchos lugares todavía hacen exámenes médicos para verificar que alguien no tenga ni un corazoncito en la nalga antes de contratarle”.

-“Vaya, que triste. Supongo que algunas culturas están totalmente en contra de la modificación del cuerpo…”

-“Sí, así es en México.”

-“El nivel de desempleo debe ser desorbitante, ¿no? ¿Qué hacen con toda la gente que se pinta el cabello? ¿También le prohíben trabajar a la gente que se ha sometido a una cirugía plástica? Esa es una modificación igual de permanente y hasta más extrema”.

Y ahí se acabó la conversación, pues me quedé sin palabras. Simplemente, cuanta razón.

 

Norcorea Celestial

Esta entrada es una respuesta rápida a todos lo que desde el post sobre el matrimonio homosexual no me han dejado de acosar con que “necesitas a dios”, “arrepiéntete de tus pecados” etc. (de verdad, ya párenle)

Entiendan de una buena vez: No creo en un dios, porque no existe evidencia alguna de que exista (no por que los odio, ni nada de eso).

Dejen de cuestionarme y tratar de vender un paquete que no me interesa.

Pienso en la vida con dios como en una Norcorea Celestial: es una dictadura maquillada de paraíso. La farsa de tener que amar a alguien a quien antes que nada, debes de temer. La libertad de decidir bajo presión de tortura eterna. El tener que complacer a una deidad anticuada y contradictoria, que me juzga por lo que digo, pienso, sueño, como, visto, hago y dejo de hacer; y que al final, me desea un final terrible. Como en Corea del Norte, tienes la opción de adorar al Gran Líder, o recibir un balazo en la cabeza…libre albedrío de “mentiritas”. También como en Corea del Norte, la “moral” es algo manipulable y subjetivo. El Gran Líder que dice amar a su gente y desearle igualdad a cada uno de ellos, les deja morir de hambre por los cientos de miles cada año, porque no lo adoran lo suficiente. Dios entrega 10 mandamientos, de los cuales 3 implican temerle o amarle (¿porque te ama?), 4 indican la moralidad más básica (que los chinos habían documentado 3 mil años antes),  uno que compara a la mujer con propiedades como el ganado, y uno que te amenaza por el solo hecho de pensar. En el siguiente capítulo del libro, ese mismo dios que ordenó “no matarás”, ordena una masacre genocida, la violación y asesinato de niños y mujeres, y la captura de esclavos…en su nombre.

Primero preferiría mudarme a Norcorea, honestamente. Al menos ahí tienes la opción de morir y que se acabe la tortura psicológica (o física si te atreviste a desafiar al Gran Lider..o a dios). Con dios por el contrario, después de la muerte ambas opciones son una tortura eterna.

NO, GRACIAS.

Matrimonio Homosexual (Preguntas Pendejas 2)

Aquí tienen la segunda parte de Preguntas Pendejas. Hace unos días escribí unas notas de opinión en sitios de noticias sobre la legalización del matrimonio de personas del mismo sexo en Nueva Zelanda. En lo personal fue una experiencia conmovedora y agradable. Seguí muy de cerca los debates legislativos, y me di cuenta de que el mundo estaba presenciando una lección de civilidad y raciocinio enorme. Les doy un poco de información:

El voto para esta ley fue “de conciencia”. Esto significa que cada miembro del parlamento debería de votar basado solamente en lo que le dictara su conciencia y moral, y no las ideas y lineamientos de su partido.

De inmediato resaltaron los miembros que, aún siendo religiosos, si hacían un examen de conciencia racional, terminaban por apoyar la ley.

En la segunda lectura resaltó la opinión de Chris Auchinvole.

Citaré sólo una parte (pero pueden escuchar o leer todo el discurso acá).

“Al ver y asegurarnos que esta ley solo trate de problemas seculares, lo voy a decir de nuevo: trate solamente de problemas seculares, abre el dilema a los grupos religiosos establecidos que busquen diferenciar a sus iglesias o al matrimonio sagrado de la nueva definición [de matrimonio] si la iniciativa de ley pasa. No es asunto del Estado tener una visión sobre esto. Es para que las iglesias lo resuelvan a su propia manera y tiempo.”

“Analicé los valores catequistas cuando aprendí catecismo en Glasgow: “¿Quién te hizo?” “Dios me hizo”. “¿Por qué te hizo Dios?” “Dios me hizo para conocerlo y amarlo”. La tercera pregunta: “¿A qué imagen te hizo Dios?” La respuesta: “Dios me hizo a su imagen y semejanza”.

Cada niño de 7 años contestó lo mismo creyendo que era cierto. No tuvieron que agregar: “… siempre y cuando me conforme a ser heterosexual y a no amar a nadie de mismo género”. Mi conciencia está muy clara en este asunto”.

Después vino la tercera lectura, y habló el hombre más conservador de Nueva Zelanda. Uno de los representantes más prominentes de la derecha, John Banks.

“La libertad le da a cada individuo el derecho a decir sobre su propia felicidad en todos los aspectos de su vida. […] Mis amigos gay saben que mi voto no es necesario para que esta ley se apruebe; pero me dicen que mi apoyo les es importante. Recibí un mensaje de texto de un amigo que escuchó que esta propuesta contaba con mi apoyo. Decía: -‘¡Gracias Banksy! Esta ley no tendrá impacto alguno en tu matrimonio, pero será todo para mí en mi relación de pareja’. Creo que esto resume el debate muy bien. […] Al considerar esta propuesta, tuve que preguntarme a mi mismo: ‘¿Tendrán los neocelandeses más libertad como resultado de esta ley? Si.’ -‘¿Será preservada la libertad religiosa? Si.’ -‘¿Serán retiradas las libertades de alguien más al pasar esta ley? No.’ -‘¿El dios en el que yo creo pensará menos de mi si apoyo esta ley? No.’ Por eso ofrezco mi apoyo a la propuesta”.

Me quedé anonadada. Me parecía imposible que alguien en una posición de poder pudiera dejar de lado su orgullo, sus ideas personales y su religión, y legislar de manera racional.

En la tercera lectura habló Maurice Williamson, y este discurso le ganó fama mundial:

Ahora, yo sé que este no es el primer país en pasar este tipo de legalización, y que llega algo tarde si se le compara con Holanda o Canadá. Pero estoy convencida de que este país ha sido el más abierto a la discusión. Aquí no hubo gritos, ni empujones en el parlamento, ni amenazas ni violentas marchas en las calles. Aquí al pasarse la ley el público y el parlamento por igual (aún los que no aprobaron la ley) se pusieron de pie y juntos cantaron una balada tradicional de amor:

Nada ha cambiado, no ha llegado la “Armada Gay” a obligarnos a todos a ser homosexuales. La economía no se colapsó, y el país no entró en guerra civil.

Pero, sin sorpresa, las personas que más radicalmente opuestas  a la medida que me he encontrado por las calles ( y en las redes) …¡Son latinos!

Aquí van mis respuestas a más Preguntas Pendejas:

“¿Qué no sabes que diós dijo /en la Biblia…?”

R: El mundo occidental no cuenta con un solo país que sea una teocracia. Si quieren vivir bajo leyes religiosas, pueden mudarse a Irán, Arabia Saudita, Sudán, Yemen, Nigeria o Afganistán. Entiendo que allá eso les funciona de maravilla.

“¡¿Que sigue?! ¡¿Ahora la gente ya puede casarse con un perro?!

R: ¿Siquiera piensan en lo que dicen? Si creen que un perro tiene estatus legal, derechos y obligaciones al cumplir la mayoría de edad, consentimiento sobre su propia vida, y poder para firmar un contrato… les recomiendo que suelten sus drogas.

“¡Esa gente no puede tener hijos! ¡El matrimonio existe para reproducirse! Un niño necesita de un padre y una madre.

R: Así es. Por eso no se le permite a las parejas mayores o infértiles casarse, y si una mujer resulta ser madre soltera se le mete a la cárcel, ¿verdad? Casarse para no tener hijos también es seriamente penado por la ley.

“¿No crees que el matrimonio debe conservarse como ha sido desde los tiempos de Cristo?

R: ¡NO! En tiempos de Cristo el matrimonio era una forma de esclavitud en el que las mujeres eran una propiedad, y un hombre podía tener cuantas esposas le comprara su dinero.

¿Sabías que si permitimos que esa gente se case van a desatar una guerra para destruirnos?

R: Tu argumento suena un poco gastado… creo que alguien ya lo usó antes… ¡ah, si!  El Ku Klux Klan.

“El matrimonio entre una mujer y un hombre es una tradición muy antigua”.

R: También lo es la venta de niñas pequeñas para casarse, la lapidación como castigo a una mujer desobediente, y la esclavitud. Desde tiempos inmemorables. Y no te veo conservando ninguna de ellas.

“A esa gente la violaron de niños y por eso son así.”

R: Esa es una generalización muy desinformada. Bajo esta lógica, quitémosle sus derechos básicos a todas las personas que alguna vez han sufrido algún un tipo de abuso. No dejemos que una mujer violada pueda casarse. Rechacemos a los niños golpeados o abandonados en las escuelas, no merecen una educación.

“¿No entiendes que le hace mal a los niños ver esas cosas en la calle?

R: Los niños ven muchísimas cosas peores que una pareja gay en la televisión, pero aún así la mayoría de los padres los dejan sentados frente a ella durante horas. Si le preocupa las cosas traumáticas que puedan ver los niños en la calle, como choques, peleas, atropellamientos, robos, borrachos, indigentes, y violencia en general, le recomiendo que no salga a la calle, nunca.

¿¡Que vida tendrá un niño con dos mamás o dos papás!?

R: Definitivamente una mejor que si no tiene a nadie.  (Esto me resulta muy ojete viniendo de gente que creció en Latinoamérica, viendo miles de niños sin hogar dormir bajo puentes, inalhando gasolina, mendigando en las plazas). Píenselo un momento.

“Los hijos de padres homosexuales crecerán y descubrirán que resienten a sus padres”.

R: ¡Claro! Por que eso, nunca jamás le ha pasado a los hijos de parejas heterosexuales…¿verdad?

¡El gobierno no puede decirme que hacer con mi matrimonio!

R:¿Pero si puede decirle a otros que hacer (o no) con los suyos?

marr

Espero más de sus preguntas.

Preguntas pendejas (parte 1)

Creo que está de sobra explicar que me encuentro activa en varias redes sociales. Son utilísimas cuando vives lejos de tu familia y amigos. Puedo saber que están bien y compartirles experiencias, fotografías, etc.

Igualmente, he escrito un par de piezas de opinión para sitos de información y noticias, cultura general y política. Soy miembro activo de varios foros de temas muy diversos. Me gusta que la gente en general me contacte, ya sea para iniciar un debate, compartir una opinión, o intercambiar información. Por desgracia, a últimas fechas muchísima gente me ha contactado con preguntas relacionadas a la migración y los viajes, esperando prácticamente que les resuelva la vida. Nota: No me molesta ayudarle a quienes quieren venir, pero NO me se todos los precios de todas la aerolíneas, no trabajo para Inmigración, ni manejo bienes raíces. Yo no le doy empleo a todo el que se baja de un avión.

Más molesto aún me parece esa costumbre latina de asumir. Asumir que sabes, que los demás son una copia tuya. Esa proyección de ideales, metas y frustraciones a todos los demás. (Léase la entrada anterior para referencia). Es tan limitado creer que todos viven y piensan como nosotros. Y peor aún, que alguien tiene una verdad suprema.

Así que usaré esta entrada para responder a una selección inicial de esas preguntas con algo de acidez y sarcasmo, pues me parece lo más indicado (contrario a responder directamente con algún ataque u ofensa).

-“¿Está lejos Nueva Zelanda?”

R: ¿Lejos de donde?

-“¿Tu me puedes meter al país?

R: Gracias por responder a mi anuncio de trata de personas. Por el momento estamos ocupados.

-“¿Es difícil trabajar de ilegal allá?”

R: No sólo es difícil: es ilegal.

-“¿Porqué mejor no tu fuiste a Estados Unidos, si es el mejor país del mundo?”

R: Porque no es el mejor PARA MI.

-“¿No sientes que traicionas a tus raíces por comer pay y hamburgesas y pescado con papas?”

R: No. Afortunadamente mi identidad no se define por ponerle “chilito” a mi comida”.

-“¿Es barata la ropa de marcas allá? ¿Te interesaría hacer negocio mandándome?

R: ¿A que te refieres con “de marcas”? Me suena fraudulenta la oferta.  Creo que en el envío perderíamos cualquier ganancia.

-“¿No te preocupa vivir en un país donde ahora hasta los maricones se pueden casar?”

R: No, pues no pienso casarme con ninguno.

-“Si se casan los homosexuales la sociedad se destruye, ¿que vas a hacer?

R: Informarme un poco más para no creer esas tonterías.

-“¡¿Que le vas a decir a tus hijos cuando vean en la calle  a dos hombres besándose!?”

R: No tengo hijos. Si los llego a tener les diré que lo que hacen 2 adultos libres y consientes no es asunto de nadie.

-“¿No te sientes mal por tener más de 26 y no tener ningún hijo?

R: No sabía que la reproducción era obligatoria. Gracias, lloraré.

– Los güeros son gente bien racista. ¿Como le haces?

R: No asumo que el contenido de melanina de las personas refleja su calidad moral.

-“Me das un chingo de envidia, pinche morra”.

R: No debería. Mejor ocúpese de corregir lo que le frustra.

¡Sigan enviando sus preguntas!

 

 

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El síndrome del cangrejo mexicano

Esta entrada tiene mucho que ver con mi próxima….

platicaentreamigos

¿Cuál es su primer pensamiento cuando se enteran de que a alguien le está yendo bien? ¿Que de probablemente no tener nada, ahora goza de una buena posición, lujos y dinero? Pocas personas conozco que se alegran de corazón. La mayoría se cuestiona cómo alguien pudo llegar a tener eso que ellos no tienen.

El síndrome del cangrejo mexicano no es un mito, es un espantosa realidad de nuestra sociedad.

Definido de la siguiente manera: El síndrome del cangrejo mexicano es una teoría de la psicología social en la que alguien al no lograr sus objetivos, o subir de puesto, culpa a la sociedad de sus fracasos personales, creyendo que todos conspiran contra el.
El concepto fue desarrollado por Sigmund Freud, quien se inspiró en una ida a la pescadería, donde encontró un señor vendiendo cangrejos vivos en una cubeta. Había 3 cubetas, con cangrejos americanos, cangrejos japoneses y cangrejos…

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Esta entrada la usaré como escape para relatar una experiencia que tuve hace algunos días y me dejó muy confundida. Fue como un alucine de peyote.

Fui invitada a cenar con un grupo de nuevos amigos, y terminamos en un lugar Thai muy famoso; es pequeño, escondido, y silencioso, con sólo 6 mesas, al final de un callejón. Todo normal, me vi sentada entre una chica kiwi que tiene personajes japoneses tatuados por todos los brazos, y una chica australiana que es enfermera pediátrica. La noche iba muy bien, relajada. Nos trajeron los platos y el sonido de plática bajó un poco, el lugar estaba muy callado. De pronto la chica australiana junto a mi se puso tensa, se le veía incómoda y comenzó a frotarse las manos. Buscó con la mirada a su novio, que estaba sentado al lado opuesto de la mesa, pero el conversaba con alguien más y no la veía.

– “Creo que es ya es hora de irnos, cariño”.

Esto me resultó muy confuso, pues me parecía que todos la estábamos pasando bien ( y apenas nos habían servido los platos). Pero la reacción de la chica me hizo sospechar, pues se veía bastante alterada. Por un momento creí que se había encontrado algo horrible en su comida.

-“¡Vámonos ya Rich!”

Su pareja parecía no inmutarse, y sin voltear siquiera, sólo dijo: “no vamos a ningún lado”.

La pobre muchacha se veía al borde del llanto. Le pregunté cual era el problema.

-“No me gusta la música”.

Sólo hasta ese momento me di cuenta  de que había empezado a sonar música en el lugar. El volumen era tan bajo que no la había percibido, así que afiné el oído.

-“¡Ah! ¿El jazz no es lo tuyo…?

-“No, no me gusta la música… de ningún tipo.

La chica kiwi al lado mío volteó y se le quedó mirando como si hubiera dicho una blasfemia.

-“Eso…eso es imposible… a todos nos gusta algo de música, es humano”.

Yo sólo pude asentir en acuerdo, pues tenía la boca llena de curry. Mi cerebro no estaba procesando muy bien el hecho de que hubiera junto a mi alguien que no soporta la música.  La chica kiwi no tuvo problema en acribillarla a preguntas:

-“¿Es el volumen, o sólo un instrumento?… casi ni se escucha… ¿cómo haces para ir a lugares con ruido?

-“No, el ruido no me molesta. Vivo cerca del aeropuerto y voy seguido a los partidos de Rich a apoyarlo. Es sólo la música, la odio. Me altera.

La pobre se veía más que alterada, estaba al borde del llanto. Me pareció de pronto que era una persona en un talk show, o un reality, de esas que tienen una fobia ridícula e irracional a algo tan inocuo como la nieve, los cachorritos, o el algodón. De esas mujeres que tienen un ataque de pánico cuando les piden que toquen una pluma, o miren la foto de un pollito. Puse más atención y me di cuenta que el jazz de fondo estaba en verdad delicioso, muy apropiado para el lugar y momento. Seguía sin comprender nada.

La chica kiwi le dio un largo trago a su cocktail y medio en risas le dijo:

-¿Eso te pasó desde que escuchaste a Justin Bieber? (yo también me reí un poco).

-No, así he sido siempre.

Me pregunté mentalmente si tendría amusia, el desorden mental que no permite comprender (y por lo tanto disfrutar) la música. Aunque eso no es una fobia. Se describe como la percepción de la música como un concepto auditivo extraño e indescifrable. Como escuchar de fondo una conversación en un idioma desconocido: no lo comprendemos ni disfrutamos, pero no nos molesta. Si no hablas farsí, es imposible que digas que te agrada escuchar poesía en farsí, pero no te sueltas a llorar cada que ves un iraní.

De la nada intervino su novio, que supongo había escuchado.

-“Eso no es cierto. No mientas.  Tu padre me envió un video en el que cantabas y bailabas a las Spice Girls. Me dijo que te encantaban los musicales. ”

A esto ella se levantó ya de plano llorando, le pidió las llaves del auto, y salió corriendo.

Su amigo le dijo que fuera tras ella, pero el se rehusó.

-“Ya no puedo con esto, hombre. Es una tontería. Un drama. Que me espere en el auto. Me arruina todo.”

-“No seas tan duro, bro….”, le dijo su amigo.

-“No soy duro, soy honesto. Ni te imaginas la pesadilla que es salir con esta mujer. No puede ver completa una película… en meses no hemos acabado una cena. Llora hasta por que el auto de junto traiga la música alta.  Es tan exagerada. Actúa como si fuera morirse porque tarareo una canción, o cantan en un comercial. No recuerdo la última vez que fui a una fiesta. ¡Amenazó con deshacerse de mi colección de viniles!”

Ante esto la chica kiwi se vio alarmada.

-“¿Cómo puedes vivir así?”

-“Creo que no puedo”.

Yo tenía mis dudas también.

-“¿Crees que sea real? Quiero decir… ¿han buscado ayuda?

Su respuesta me dejó muy consternada.

-“Siento que es una exageración la mayor parte del tiempo. Ella no lo ve como un problema. No ve porqué querría disfrutar con ella de una buena película, o compartirle una canción o llevarla a un concierto. Me llama idiota por querer escuchar música en el auto. No siente que se pierde de nada… y no tiene problema en hacer que me lo pierda yo también.”

Sentí que hablaba de un alien. Después de todo ¿quien no tiene una canción favorita? ¿Una pieza de música que le mueva el alma? No concibo la vida como algo que se pueda mantener sin música. Está ligada a prácticamente todas nuestras emociones y recuerdos.  Pero su amigo (un maori franco y encantador) cerró la conversación con la mejor frase:

-“Entonces patéale el culo de regreso a Oz, bro. Todos necesitamos de una chica que se emocione cuando le cantamos a los Beatles y nos haga segunda en Bohemian Rhapsody mientras vamos por la carretera“.

Tú mejor cállate.

Voy a decir la verdad: ésta entrada es sobre algo que le sucedió a alguien más, pero que me puso a pensar.

Un buen amigo que he hecho acá posteó esto en su Facebook ayer:

“Un Maori bien loco acaba de detener el autobus en el que voy. Le está gritando al chofer algo así como: “pinche hindú regrésate a tu país” y luego, paradójicamente, lo acusa de racismo contra los isleños. Lo peor es que el chofer ya se bajó y dice que el no va a arrancar el camión hasta que se baje el Maori. La situación está bien bizarra. ¿A quién apoyo?”

Obviamente, en las respuestas hubo de todo, pero las que me dejaron pensando fueron las de (en su mayoría) mexicanos. Cosas como:

-“…mejor no te metas en problemas, calladito te ves mas bonito.”

-“Yo que tu me escondo, no sea que te saquen a ti del camión”

-“no es tu problema, bájate y ya”.

Yo me atreví a comentar que esa actitud de “calladitos y agachones” es de lo peor que arrastramos los mexicanos.

Esto ha pasado de ser un sano “no meterse en los asuntos de los demás” a un ciclo eterno de ignorar y permitir la injusticia porque nos resulta cómodo. Quiero dejar en claro que no estoy a favor de espiar a la gente y acusarla de cualquier cosa, no va por ahí.

Más bien me puse a recordar todas los momentos de conversaciones, experiencias, historias compartidas y hasta noticias que me hacen pensar que los mexicanos nos callamos demasiado.

Todos lo hemos visto, escuchado, sentido de cerca o hasta hecho:

“Todos los vecinos sabían que el asesino golpeaba y abusaba de sus hijos, pero nadie dijo nada hasta que mató a uno de los chicos”.

“Yo vi quien atropelló a la señora, pero no me meto, porque no es mi problema”.

“Si sabemos quién abandonó al anciano enfermo en la calle, pero no vamos a decir, ese es asunto de su familia”.

“Pues si, todas las noches escuchamos que golpea a su novia, pero pues que le hacemos, es cosa de ella”.

“Ya sabemos quien roba en las tiendas del rumbo, pero pues no queremos problemas con sus papás”.

¡Al carajo con eso! Ese nivel de hueva social es lo que se está llevando al país a la mierda. Caminar todos haciéndole al ciego. Esperando que si nos afecta, sea lo menos… que se joda al que si le afecta, pero mejor no mover un dedo, no tener pantalones, no hacer nada…quejarse después, eso si.

¿Ustedes no tienen algo que decir, alguien a que defender? ¿Que hacen al respecto?

Un año de inviernos, y el sentido común que ya no es común.

Pues aquí sigo. Viviendo mi año de inviernos. Me fui del verano mexicano de 2011, para venir al invierno kiwi, y encontré todo lo que buscaba acá, así que apliqué toda mi voluntad y fuerzas a volver y de nuevo, dejé la primavera para llegar directo al otoño.

Me siento en mi lugar, menos influenciado por la cultura de basura gringa y la “political correctness”, sin discursos electoreros ni obsesiones partidistas, pero sobretodo, en el lugar donde me veo cambiando mi futuro.

Me gusta vivir de pronto en una sociedad que no habla de política con un fervor semi-religioso “porque mi familia siempre ha sido de tal-o-cual partido”. Acá es más simple: ¿Usted votó por el fulano en turno? ¿No? ¿Cree que ha realizado bien su trabajo? ¿sí?… entonces se reeligió por mayoría el fulanito que está ahora y ya.

Me gusta y me emociona ver a toda esta gente que aprecia y vive la naturaleza, niños que corren y viven y tocan y hacen, sin miedo a “los bichos”, las alergias, la mugre, etc. Pero también niños con disciplina, con responsabilidad, bien anclados a la realidad, no ahogados aún por la enferma fantasía de hacerse famosos como Justin Bieber, o peor aún Diana Guzmán o algún “academio”. Veo a diario como tiene más mérito el talento deportivo y la vida activa… el experimentar, más que el soñar.

Y es por esto de los niños es que vuelvo a escribir. Porque ésta noche he leído una nota de “El Universal” que me ha dado miedo, me ha pegado cerca, y me llena de rabia.

Éste es el artículo: http://www.eluniversaledomex.mx/home/nota29050.html

En resumen habla de una niña que con 12 años “se fue de su casa convencida por alguien que conoció en el Facebook”.

Para los que me conocen y los que no: soy una firme opositora de que los niños usen las redes sociales. No veo como alguien menor de 16 pueda necesitarles, y creo que nuestras habilidades sociales y de convivencia se deben desarrollar en vivo hasta la madurez. Darle a un niño acceso al internet sin supervisión es como dejarlo sólo en mitad de una calle transitada: nunca sabes quién se va a acercar y que va a ofrecer.

Primero que nada, disculpen si mi opinión ofende a los que tienen hijos, pero para mí todas sus excusas, como “déjalo, está chiquito”, “ni sabe lo que hace, no te apures”, “está de moda, todas sus amiguitas lo tienen”, o “¿ aaaayyy…..cómo le digo que no?”; son en realidad una misma y sola expresión: “me da hueva lidiar con mi hijo”. (También está de moda “mover” paquetes de droga por un iPhone o una motoneta… ¿por eso se lo permitirían?)

El ejemplo del articulo lo deja claro: no sólo me asalta la duda de qué carajos hace una niña de 12 años conversado sola con un adulto desconocido por la red; ¡¿cómo es que ninguno de sus padres sospechó siquiera que planeaba irse de casa?!  ¿Acaso nunca hablaban con ella? ¿Revisaban su cuenta frecuentemente?  Por mejor actriz que pueda ser una niña, su actitud debió mostrar algo de nerviosismo o alguna otra emoción. ¿Qué necesidades estaba cubriendo ésta chavita al hablar “de amor” con un perfecto extraño y creyendo que irse así nada más era una buena idea?

Éste es mi segundo gran problema con ésta generación: el total desconecte con la realidad. Y no estoy hablando de niños en edad preescolar, me refiero a jóvenes de 12 o 14 años. Tan protegidos y atendidos están, tan ahogados por la basura que les ponen en la tele, que no tienen ni idea de nada. Desde esa modita de escribir como analfabetas hasta creer que el dinero se reproduce con meterse al bolsillo. Hablando con una niña de 12 años me dijo muy en serio: “yo de grande no voy a ser nada, me voy a hacer una banda para ser famosa y no tener que trabajar nunca y pasarme el día en mi casa”. Cuando le pregunté qué instrumento tocaba o que música pensaba hacer, y se dio cuenta del error de “no querer saber hacer nada”; simplemente me dijo que mejor se iba a acostar con muchos chavos para salir en la tele y ya (después me enteré que le permiten ver “Jersey Shore”).

Igualmente, hablando con un chico de 15 años de Puebla que acababa de discutir con sus padres porque quería “otro iPad”, me cayó el 20 de lo apendejados que están creciendo los chavos. Éste no es un niño común de secu de gobierno que se ríe de cualquier bobada y aspira a microbusero, tampoco…yo quería creer que siendo hijo de 2 maestros de Universidad, tendría algo de más fibra. El caso es que el muchacho me dice que como sus padres son “unos ojetes” por no comprarle un segundo tablet, le va a hacer como yo y a fin de mes se va a ir a vivir a Nueva York.

“¡Órale! qué buena onda… y ¡que cosmopolita! Supongo que ya tienes visa…pero ¿por qué NY?, es muy cara… ¿ya sabes cómo te vas a mantener, o te van a ayudar tus papás un rato? … sé que conseguir chamba allá no es fácil ¿Conseguiste vuelo barato? “

El pobre escuincle me vio como si yo hablara chino.

-“¿Cómo una visa?… ¿Los vuelos son caros…? Tengo 650 pesos y lo que me den por mi cel. No quiero ir a trabajar, quiero vivir en un depa, como los de “Friends”.

Me resultó muy incómodo…conexión con la vida real: 0. De un chico que este curso empezará la prepa.

Hubiera sido un niño de 6 o 7 años y me hubiera dado ternura.

Pienso igual de la pobre niña del periódico. Le dejó cartas a las amigas y los papás diciendo “me voy a Torreón, si me visitan un día, les presento a Luís”. Torreón no está nada cerca del Estado de México, pero suena a que ésta niña creyó que iba al parque o a la tiendita. No me quiero ni imaginar sus posibles circunstancias actuales.

Para nada culpo a los padres o nadie, en realidad… pero falta sentido común…falta interés. Ojalá y aparezca con bien.